Las aplicaciones para iPhone, iPad, Android y otros dispositivos móviles son la nueva moda del marketing interactivo. La web ha muerto, y ahora cualquiera puede construir una aplicación, ponerla en el App Store y empezar a relacionarse con el usuario en el aparato que más tiempo usa cada día.
El problema es que el App Store de Apple tiene 225.000 aplicaciones, muchas de ellas parecidas entre si y que los usuarios utilizan muy pocas veces cuando se las bajan. Es básicamente imposible destacar y conseguir una audiencia para tu nueva y flamante aplicación. La situación tiene varios aspectos interesantes:
- Para que una aplicación sea popular, hay que publicitarla igual que con cualquier otro producto, ya que no se puede esperar a que la encuentren por casualidad, o en las listas de popularidad, porque estas listas son una lucha a muerte que sobreviven muy pocos. Por lo tanto, las marcas más potentes, que más inviertan en publicidad o que más contacto tengan con sus clientes serán las que más éxito tengan con sus apps.
- El espacio en la pantalla del usuario es limitado. Igual que con los resultados de Google, las aplicaciones que no se vean en las primeras páginas es como si no existieran. La pelea de verdad es por este espacio.
- Es muy complicado crear valor adicional, sobre todo cuando no es tu core business (ej. un juego lanzado por una marca siempre será peor que uno desarrollado por un especialista en juegos).
- Nadie querrá un teléfono lleno de aplicaciones de marca, que solo sirven para una función concreta. Las aplicaciones que triunfen serán las que son un servicio (tipo Skype o Dropbox) pero no las que lancen Zara o Seat, cuya función es publicitaria.
Es probable que estemos asistiendo a una burbuja de aplicaciones: muchas poco rentables y algunas muy exitosas que atraen la atención. El reto para una marca es encontrar la forma de aportar valor de verdad a sus clientes, y esperar que estos la recompensen con su atención.