En Estados Unidos existe una deducción en los impuestos que pagan los gestores de fondos de inversión (cuando son partnerships y no sociedades anónimas): pueden tratar una buena parte de los beneficios como ganancias de capital (con impuesto de un 15%) en lugar de renta (con porcentajes mucho mayores). El resultado es que personas con rentas elevadísimas se ahorran miles de millones de dólares en impuestos.
Desde hace tiempo, el Congreso ha intentado tapar este “agujero”, pero la ley acaba muriendo en el Senado: los que se benefician de la ley tiene mucho dinero para presionar y mantenerla igual. Lo curioso es que, si la ley no existiera, sería impensable que el gobierno creara una deducción precisamente para las personas más ricas. Pero, como ésta ya existe, eliminarla es muy complicado. Es el poder de la inercia: cambiar el status quo es mucho más difícil que mantenerlo.
Esta idea tan simple se ve cada día en el funcionamiento interno de las empresas y en las campañas de marketing que ejecutan. La paradoja es que muchas de ellas, si hubiera que aprobarlas de cero, nunca se harían, porque no soportan el tipo de análisis que se le exige a las nuevas ideas.