Algunas de las industrias creadas por el hombre se basan en explotar un cierto recurso hasta el infinito. Por ejemplo, el petroleo o la pesca. El apetito voraz e inagotable de la industria acaba por agotar el recurso, que no tiene tiempo para regenerarse, ya que se consume en pocos años lo que tardó siglos en formarse.
Un ejemplo menos habitual de esta dinámica es Hollywood y su pasión por los superhéroes. Con un modelo de éxito encontrado a principios de esta década (personajes míticos y grandes efectos especiales), no hay año donde no se lance alguna película basada en un superhéroe, que en la mayoría de los casos pertenece a Marvel, la compañía que definió los superhéroes modernos. Pero esos personajes tardaron décadas en consolidarse en la iconografía popular y no tienen reemplazo fácil: los intentos de lanzar personajes menores o crear nuevos superhéroes no han funcionado. La industria devora a los clásicos sin encontrarles sustituto.
En este entorno, será curioso seguir la nueva aventura de Stan Lee, que fue durante tres décadas director creativo de Marvel y ahora ha puesto en marcha un estudio dedicado a crear personajes que puedan llegar al cine. Uno de ellos, Time Jumper, trata de un chico que viaja en el tiempo con su teléfono móvil. La serie se va a lanzar gratis en internet y móvil, para testar su atractivo y crear una base de fans que luego quiera ver la película.