La fiebre de adquisiciones de las empresas de gran consumo (Kraft, Procter & Gamble, Unilever, Sara Lee, etc.) llevó hace años a que se construyeran portfolios con cientos o miles de marcas, causando problemas de costes, flujos de información o toma de decisiones, inflexibilidad, etc. La mayoría de las empresas se dieron cuenta e iniciaron un proceso de “adelgazamiento”, vendiendo marcas y divisiones para concentrarse en aquellas en las que podían ser líderes.
Un artículo reciente ofrece algunos consejos para este adelgazamiento del portfolio:
- Concentrarse en las competencías esenciales (por ejemplo, la capacidad de relacionarse directamente con cada punto de venta de FritoLay, o el dominio del canal impulso de Wrigley)
- Buscar coherencia estratégica, explotando oportunidades en áreas donde la empresa tiene ventajas competitivas
- Compensar el descenso en ingresos (al vender marcas) con el mayor potencial de crecimiento y rentabilidad de las marcas principales.
Sin embargo, este no es el enfoque que están siguiendo muchas empresas de consumo, que parecen obsesionadas con entrar en nuevos sectores con gran potencial de crecimiento (relacionados con hábitos saludables, nuevos estilos de vida, etc.). Como pasó hace años con los video clubs (se crearon miles de ellos y el 90% cerraron en poco tiempo), creo que la gran mayoría de marcas con las que las empresas están introduciéndose en nuevos mercados desaparecerán en breve. El razonamiento que hacen es el siguiente: “Somos líderes en nuestro sector, pero está maduro y crece poco; entremos en nuevos sectores”. El problema es que en ese nuevo sector ya hay un líder que no les va a dejar entrar, y que está mucho mejor preparado para competir que ellas.
La situación parece similar a la fiebre de Internet de hace años: lo antiguo no vale nada y solo sirve lo nuevo; es más importante el potencial de crecimiento que la coherencia estratégica. Quizá las empresas deberían concentrarse en desarrollar sus propios mercados y encontrar ahí sus fuentes de crecimiento.