Wal-Mart está liderando un proyecto de creación de un
índice de sostenibilidad para los productos que vende en sus hipermercados. Aprovechando su enorme poder de compra, ha implicado a la mayoría de fabricantes en el proceso de analizar sus procesos de producción, exigiéndoles una reducción en su impacto medioambiental.
Para convertir el esfuerzo en un programa de toda la industria, no ligado únicamente a Wal-Mart, ha creado un instituto independiente que incluye a ONGs, agencias del gobierno, proveedores, otros distribuidores, etc. El reto es ambicioso: crear un indicador sencillo y comprensible por los consumidores que les permita diferenciar entre empresas que se esfuerzan más o menos en crear productos sostenibles.
Hay varias barreras que superar: decidir qué es necesario medir (ahorro de energía o de agua, emisiones de CO2, basuras generadas, etc.), conseguir que los fabricantes sean capaces de medirlo (actualmente, solo el 10% lo son) y, sobre todo, priorizar, asignando importancia relativa a cada elemento, lo que necesariamente provocará que algunas empresas salgan beneficiadas frente a otras.
En cuanto al índice en si, hay varias posibilidades. Podría ser una etiqueta similar a las que muestran la información nutricional (emisiones, uso de agua y residuos en lugar de calorías, grasas o minerales); un sello al estilo del comercio justo, para los productos que superaran un mínimo; un sistema con un código de colores; o incluso una escala del 1 al 100.
El proyecto me parece muy necesario: sino, la competición de mensajes entre marcas acabará por despistar completamente al consumidor.